Estoy en la misma habitación, de nuevo, desmoronándome entre tantos dolores, y solo me acompaña tu fantasma… ese que no es tuyo sino mío.

Llegó a mi el día que te fuiste, ese día que quise gritar “no me dejes, por favor no te vayas, no me dejes sola”, pero no me alcanzó la voz, y ya era muy tarde porque te habías marchado tan lejos, tan frío… y la oscuridad te abrazó tan dulcemente que sentí envidia y quise ser oscuridad.

Y lloré; aun lloro, porque aunque no estás -ya no-, cada día tu fantasma se sienta a mi lado y me besa la punta de la nariz y me regala recuerdos que ya no consigo soportar. No quiere irse y yo me niego a dejarlo ir, porque es lo único que me queda de ti, y sin el no tengo nada.

Nadie entiende mis tristezas… no podrían; porque mis tristezas se entierran con las uñas en el pecho y se quedan ahí, porque solo yo las entiendo, y ellas me entienden a mi.

©2010-2011 *sultan-alghamdi

Hoy me muero… tal vez mañana sea diferente, tal vez.

Escuchando: Nada, hoy no es día de música, hoy es día de lagrimas y besos rotos.

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Se me apagaron las ganas. No queda nada más que el infinito desasosiego que me invade y un mar de colores grises. Mis ojos se desangran sin parar y mis labios se redujeron a cenizas. Ya no importa y la verdad es que, por mucho que me duela admitirlo, no se qué hacer conmigo.

No puedo dormir, pero tampoco estoy despierta. Y tu no estás, porque decidiste que era buen momento para darse por vencido.

¿Y ahora cómo se supone que pueda olvidar, si estoy llena de recuerdos? Están en todos lados, me acechan (lo peor es que yo no quiero dejarlos ir)… y mi voz se ha vuelto el sonido más hueco y triste del mundo.

No queda nada.
No me queda nada.

. . .

Y si, se que esto pasará… porque todo pasa, siempre. Lo que no dejo de preguntarme es ¿cuándo?, ¿cuándo dejaré de sentir esa espada atravesándome el pecho?

Escuchando: Anathema – Judgement

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